He aquí la palabra de mi desastre: ¡todo! —desde entonces, he sido de esas que por poco o por la mitad no se conforman. ¡O todo o nada! Y yo quise siempre todo. — ¡Y nada que huya o se quede fuera! Todo completo y total—. Nada para desear después. ¡Es decir, el fin, la inmovilidad, la muerte!